lunes, 8 de marzo de 2021

Dar lo que se quiere recibir


 . ¿En alguna ocasión se ha dado cuenta que una determinada acción propicia una respuesta similar? Si alguien le da un abrazo, es más sencillo devolverlo. Si alguien le empuja de forma deliberada, ¿Acaso no siente la necesidad de devolverle el empujón?

Este proceso ocurre con independencia de cuál sea el contenido de la acción que se lleva a cabo. Si alguien se le dirige de forma afectuosa, le será más fácil ser amable.

Veamos la historia de un pobre granjero escocés llamado Fleming. El hombre estaba luchando para ganarse el sustento de su familia en su pequeña propiedad, situada en el duro campo escocés. Cierto día, mientras estaba labrando oyó un grito que provenía de una ciénaga cercana. De inmediato, dejo sus utensilios de labranza, se olvidó de su trabajo y corrió hacia la ciénaga. Un niño había caído dentro y estaba luchando por salir, pero sus forcejeos provocaban que se hundiera más en el cenagal. Sus ojos estaban desorbitados por el terror. Lloraba desesperado, temiendo acabar engullido por la ciénaga. No había ningún sitio al que se pudiera agarrar, ni forma alguna de salir de allí por sí mismo.

Fleming rescató al muchacho sin pensar que estaba poniendo en peligro su propia vida. Después cogió al niño y lo condujo a su humilde casa, donde, con ayuda de su mujer, calmaron al chico, que era presa del pánico. Lo lavaron y se aseguraron de que regresaba sano y salvo a su casa. En su gesto de caridad, en ningún momento le preguntaron quién era o de dónde venía.

La sorpresa llegó a la mañana siguiente, cuando un magnífico carruaje se detuvo frente a la modesta morada del granjero. El cochero bajó de la carroza y abrió la portezuela, por donde salió un noble caballero con ricas vestimentas. El hombre extendió su mano y la estrecho con la del granjero, que era grande y callosa.

<<Soy el padre del niño al que salvaste>>, explicó. <<Limitarme a darte las gracias me parece demasiado trivial. Nada en el mundo es más valioso que la vida de mi hijo. <<¿Cómo puedo devolverte este favor? ¿De qué forma puedo recompensar tu generosa acción?>> <<Gracias>>, dijo el granjero. <<Valoro tu gratitud. Para mí esta ya es suficiente recompensa. No aceptar ningún pago. Hice lo que debía. Estoy seguro de que hubieras hecho lo mismo si hubieras visto a mi hijo en la ciénaga.>>

En ese momento, el hijo del granjero apareció por la puerta de entrada de la casa. Sintió curiosidad al ver al noble hombre y el lujoso carruaje frente a su humilde hogar. <<¿Este es tú hijo?>>, preguntó el noble.

Dando un paso para situarse a su lado, y situando el brazo por encima de sus hombros, Fleming respondió orgulloso:<<Sí.>>

<<tú has salvado a mi hijo>>, prosiguió el visitante. <<Déjame hacer algo por el tuyo. Lo puedo llevar conmigo y proporcionarle una buena educación. Si tiene coraje y el corazón de su padre, se convertirá en un hombre del que verdaderamente te podrás sentir orgulloso.>>

El granjero aceptó, y no pensando en sí mismo, sino porque vio que esto constituía para su hijo una oportunidad que él nunca podría ofrecerle. El hijo de Fleming pronto demostró ser un aplicado y excelente alumno. Después de terminar su educación básica, asistió a la facultad de medicina, donde su pasión por ayudar a los demás le condujo a dedicarse a la investigación. Un descubrimiento suyo revolucionó el mundo de la medicina. La simple acción de un gentil granjero tuvo como consecuencia un hallazgo que aún hoy día continúa salvando millones de vidas. Al hijo de ese granjero se le concedió un titulo nobiliario, y pasó a ser conocido como Sir Alexander Fleming, en reconocimiento a su trabajo como descubridor de la penicilina.

Pero nuestra historia no acaba aquí. Algunos años más tarde, el hijo del noble caballero que había sufragado los estudios de Fleming afrontó otra situación de vida o muerte. contrajo una neumonía, una enfermedad que hasta aquel momento tenía unas consecuencias casi siempre fatales. La penicilina venció a la enfermedad y permitió que aquel joven siguiera viviendo y llegara también a ser famoso.

El noble que se hizo cargo de la formación de Fleming fue Lord Randolph Churchill. El joven a quién la familia Fleming salvó dos veces la vida era Sir Winston Churchill.

Del libro: el empleo de metáforas en psicoterapia.

101 historias curativas.

George W. Burns.

Paco Costa (transcriptor)




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